Toda mi vida he sido un fetichista de la lencería. Me encanta el cuerpo de una mujer desnuda, pero una pieza de ropa suave y sedosa, cubriendo lo justo, es algo que siempre he creido que realza infinitamente la belleza femenina.
Muchos hombres hemos tenido alguna vez fantasías eróticas que incluyen el tradicional (y muy sexy) uniforme blanco y negro de una asistenta de hogar o camarera de piso. ¿quién no ha imaginado alguna vez un liguero debajo de la minifalda de la muchacha con la que nos cruzamos en el pasillo del hotel, o soñado con un encuentro muy especial mientras venían a arreglarnos la cama?
Os presento un relato erótico que intenta ser una sugerente e inquietante alternativa al clásico cuento de caperucita roja y el lobo. Sin abuelita, y con un cierto intercambio de papeles entre la víctima y el atacante - una historia no apta para niños impresionables.